Los devoradores.
Los devoradores están despiertos y se aprovechan de la nobleza de los
buenos que caminan sin sabotear. Es una pena que todos quieran dominar el mundo
con tácticas de alevosía, quieran tomar ventaja, quieran mostrarse audaces
cuando el lodo los ha manchado y ellos no se han dado cuenta. Es una lastima
que te muestren una cara y después saquen las garras para salir victoriosos y
encontrar según el sentido de la ganancia y la trascendencia.
Ahí están los devoradores que se vuelven socios formando una mafia sin
estructura, pero con la consigna de vencer al débil, al que no tiene los suficientes
elementos para sobrevivir, están deseosos de los tesoros de aquellos que triunfan
en paz, se niegan a ver brillar a los que no se meten con nadie, a los que se
aplican alejándose de controversias absurdas.
No les importa pisotear, no quieren ver prosperar al compañero y se trasforman
en bestias insaciables, provocan incendios, quiebran códigos, no soportan estar
en armonía, están enojados con la vida, exageran, se hacen las víctimas, les
duele el alma, se vuelcan a la guerra con tal de tener los créditos y los
halagos. Que tristeza cuando el sistema se va pudriendo y no hay eficiencia, no
hay organización, solo existe una competencia insensata y el hambre es
evidente.
La tiranía crece sin cesar, es un escaparate de oportunidades de aquellos
que intentan quedar bien y que no les importa la dignidad, quizá no tengan amor
propio y prefieren ser sometidos al ridículo, al dedo dictador, al ser pasivo
que solo quiere aplausos y mensualidades seguras, es una cueva sin salida, un
laberinto con mal olor y una ansiedad que corrompe al que se cree ético y justo.
Los devoradores están a la orden del día, están acechando las esquinas,
esperan el mínimo error para atacar, es un circulo vicioso de imposiciones, de
fortalezas nutridas con dichos insípidos, con suposiciones horrendas y estrategias
que no tienen sentido. Todos quieren un poco de pan cuando todo el tiempo llueve
trigo, es una ironía que raspa en la inconciencia, en la estupidez del que
permite los atropellos sucedan sin tomar acciones.
Esos mañosos se despiertan para dar el siguiente zarpazo y así atosigar al
que con firmeza cree en la rectitud, pero la paciencia se agota cuando el
encajoso se burla de la injusticia y es cruel por naturaleza y quiere arreglar
todo con palabras altisonantes, actitudes groseras e indiferencia absoluta. alzar
la voz no esta mal cuando se denuncia una verdad, cuando uno se cansa de que
los acontecimientos sigan siendo parte de una malvada banda que solo ve por sus
intereses y se mantiene con todas las armas enfocadas para terminar con lo que
puede ser una brecha interesante de cambio.
Los rostros hipócritas están ahí detrás de esos pegajosos escritorios,
llenos de ilusiones, de caminos obscuros, de revelaciones oxidadas, ahí están esos
furiosos que quieren acumular riquezas para después morirse y quedarse en un limbo
de preguntas sin respuestas. La altiveza los mantiene con el oxigeno suficiente,
se creen maestros en una escuela que ha sido abandonada, pero pronto el asteroide
caerá y no sabrán que pasara en el siguiente capitulo, se pulverizaran, porque alguien
más ingenioso los sorprenderá, será aquel devorador que se preocupo por el
futuro inmediato, por la ecuanimidad olvidada y la honestidad enredada.
El fin esta por llegar para aquellos abusivos, para los que piensan que la
maldad es una vertiente que es necesaria, pronto la bondad será repartida y
ellos se quedaran con las manos vacías, porque quizá Andrómeda por fin ha perpetrado
la vía láctea y lo que conocemos como sistema solar, ahí nos daremos cuenta de que
nos han devorado sin saberlo y sin sentirlo.
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