Treinta y uno de junio.

 

Aquel treinta y uno de junio te diste la media vuelta y me dejaste hablando solo, esa arrogancia te hizo pensar cosas que no tienen espacio en nuestro mundo, te aliaste a la necedad como si fuera la única salida efectiva a todos los aspavientos que inventaste con tal de quedar como el héroe que desde pequeño quisiste ser. Esperaste hasta el último día del sexto mes para despedirme de tus revestidas intenciones de triunfo y tus altos vuelos, preparaste mis malates y las dejaste en aquel largo pasillo que nos conducía al rincón que tantas veces nos vio humear. Ahora encontraste razones para decirme adiós y remodelar lo que parecía obsoleto, has decidido modificar esos sitios donde muchas ocasiones escribí decenas de cuentos y me distraje por un momento de la monotonía que nos hacia gritar de placer o de enojo.

Todo lo que teníamos preparado para aquel treinta y dos de enero se derrumbo en un abrir y cerrar de ojos, no hay arreglo, las pérdidas son infinitas y las expectativas fueron muy altas, esa fecha será un día gris, de muchas reflexiones, quizá de decisiones desastrosas, pero ya estaré lejos para intentar olvidarte y perdonarte, el remedio será que no busques pretextos para saber como estoy y si ya comí, es preferible seas un miserable las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana y de esa manera hallaras las repuestas que ahora me tienen al borde de la depresión, de la discordia por saber que paso, que triste es enterarse que una inmensa soledad me espera en aquella casita de campo que con tantos esfuerzos construí para no saber de las ironías del mundo y las invenciones de un puño de idiotas que según gobiernan . Ahí me postrare a ver las tardes que tanto anhelábamos tomando el vodka finlandés que nos hacía perdernos hasta babear.

Esperare a que el treinta de febrero me llames para decirme que eres feliz con otro, que no me extrañas, que tus sueños se han vuelto realidad y has vendido los cientos de dibujos que te obsequie, me condenaras con esa risa burlona que te caracteriza cada vez que notas que alguien sufre, no sentirás remordimiento y me dirás que pronto te iras a vivir a Bogotá que estas aburrido de Cuernavaca y pedirás que te firme la cesión de derechos de lo que fue nuestro nido de amor.

La crueldad en toda su expresión se reflejará en tus ojos cuando me veas derrotado y desilusionado, pero no será tan fácil que me vuelvas a ver, he decidido ocultarme por un largo tiempo en aquella ciudad que nunca visitamos juntos y que te causaba terror, ahí estaré para que no te me acerques, ahí viviré unas cuantas aventuras tomando los riesgos que había ignorado por que sentía amor del bueno.  Andaré acongojado buscando golondrinas o visitando aquel melancólico zoológico, no renunciare a escribir y quizá encuentres indirectas que te desnuden como te mereces.

Para el veinticinco de diciembre tendré muchos regalos, que abriré con paciencia y cautela, no estarás ahí para ver mi rostro de sorpresa y mis andanzas en calzoncillos color amarillo, cosa que te hartaba y te molestaba, ahora seré tan libre como pueda, romperé una por una las fotografías y mis cuadernillos de ocurrencias, ya no tienen relevancia, ya no tienen valor, la soberbia te trastorno, te revolcó en olas que no te pertenecían, te apoderaste de lo que no te costó y yo me quede con las manos vacías, pero volveré a llenarlas con la pasión de otros trayectos, cuerpos y pensamientos, hare que no se te olvide mi nombre y llevaras tatuado aquel poema que te dedique en aquel hotel de Alfajayucan.

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