Seis meses de recuperación y ahora estoy administrando la energía para cumplir
con el compromiso y despedirme dignamente de lo que fue toda mi vida. Muchas personas
no comprenden los sacrificios y los riesgos, pero me aferre y supere todos los obstáculos
hasta llegar a la primera división con un club muy modesto, pero con una gran
historia.
Después de tres torneos, llame la atención de los clubes europeos y pues me
convencieron, fue una sorpresa llegar a Francia y dar el salto Alemania para
terminar en España y en todos esos años vestí la camiseta de la selección, nunca
dude en venir como muchos otros, el numero once siempre me estaba esperando, conseguí
títulos, grandes hazañas, compartí cancha con los mejores jugadores del mundo hasta
que un día me llego la oferta del futbol estadunidense y pues decidí comenzar a
despedirme de lo que fue un sueño.
No dure mucho tiempo en Chicago. Determiné regresar al equipo que me dio la
primera oportunidad, me puse esa camiseta turquesa con orgullo y llegamos a la
final donde me partieron la pierna y pues tuve que parar, pensé que seria el
final, pero los médicos me dieron la esperanza de retomar mi despedida, me costó
recuperarme, no tenía ánimo para estar pensando en volver, muchas veces pensé en
descansar y pulirme como director técnico, hasta que una mañana me llamaron de
la federación para solicitarme que aceptara venir al mundial como jugador y
pues aquí me tienes, estamos a minutos de comenzar la charla táctica para
nuestro primer compromiso contra unos austriacos que tiene fama de pegar duro. Tres
mundiales consecutivos, muchos reconocimientos, triunfos profesionales,
cantidades de dinero inimaginables, jugosos contratos y muchos dolores
corporales.
Hace cuatro años la afición y la prensa fue cruel, pues nos dieron nuestro
merecido, no pudimos calificar a la siguiente ronda, los abucheos han sido
constantes y los reclamos no paran, éramos favoritos y terminamos como el mayor
fracaso en la historia, espero que las cosas hoy sean diferentes y que el
cuerpo técnico sepa que es lo que hay que hacer. La gente exige que ganemos,
que no perdamos, pero el deporte es así, no somos inquebrantables, tenemos
problemas, miedos, desatinos, días malos, en ocasiones pereza, somos humanos.
Escucho que el estadio está a reventar, el bullicio enciende el corazón y
me da motivación para hacer las cosas de la mejor manera posible, hoy debemos
alcanzar la gloria, hacer que millones se emocionen, que se distraigan de la
dureza cotidiana y que haya unión colectiva. Debo trasmitir a mis compañeros el
mensaje de sentirnos orgullosos, de disfrutar el momento, de hacerles saber que
tenemos la capacidad para ganar y romper con esos fantasmas añejos. El próximo mes
cumpliré cuarenta años y para mí no hay mañana, es mi deber dar un partido para
que todos lo recuerden, si anoto gol se lo dedicare a las personas que en toda
mi carera me apoyaron, para la prensa es un ridículo yo este convocado cuando
la mayoría oscila entre los veintitantos años, no dan crédito al mérito, me
atacan y solo recurro al silencio.
Ellos no saben que a mis trece años tenía que recorrer toda la ciudad para
entrenar y pretender ser considerado, que los fines de semana yo ayudaba a mi
padre a lustrar zapatos, ellos no tienen idea de la historia que cargo, solo
son buenos para abrir la boca y señalar las cosas que según para ellos no están
en su lugar y eso salpica a miles de aficionados que se creen los chismes.
Dos minutos y saldremos al campo a calentar y el carrete de mi vida girara
por mi mente, no se que vaya a suceder, pero tengo una bonita corazonada que me
enchina la piel y me hace temblar.
Comentarios
Publicar un comentario