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Aquel domingo que se aproxima.


Cambio o continuidad. Un pueblo confrontado por individuos que buscan el poder no importando las formas y las maneras, convenciendo con números y esquivando la realidad de las propuestas. Una guerra ideológica que no es profunda ya que no hay un tiempo de reflexión, donde parece que el ciudadano prefiere tomar una siesta para después entretenerse con el fútbol, una enajenación compleja ha invadido millones de mentes esperanzados en un cambio y oponiéndose a la continuidad, el hartazgo nos ha dejado sordomudos y las tripas parecen que decidirán aquel domingo que se aproxima.

Candidatos con reputaciones obscuras acechan y bombardean, simulan empatía para lograr obtener lo que desean, las promesas se respiran como si fuera un medio de sobrevivencia en esta calamidad de cuestionamientos inconclusos. Ciudadanos dispuestos a estropearse la dignidad con tal de que su gallo llegue a la majestuosa silla, ese domingo todo será fiesta y el cielo iluminara a alguno de los contrincantes después tendremos que esperar unos meses para terminar con la incertidumbre de nuestra elección y saber si no hemos fallado en el intento de escoger al personaje que enaltezca los valores básicos de la interacción humana.

Vaya lio en lo que estamos metidos, vaya controversia que se avecina, vaya discordia que nos tendrá en la cuerda floja mientras la razón funciona para alcanzar un sentido de estabilidad. Emociones y sentimientos quedaran mallugados con el trajín del tiempo y todos contaran su versión de cómo les fue en la feria de la loca carrera presidencial y esperando que su fe siga intacta. Ojala haya tiempo de redimir y encontrar una explicación a lo que verán nuestros cansados ojos.

Los que llevan una vida de gozos no quieren perder tan opulentos privilegios y los que se esfuerzan cien veces más quieren sentirse reyes, los que se sienten sometidos ahora quieren ser verdugos, los que tiene a manos llenas no quieren ver vacías sus arcas. Hoy en día los millonarios no tienen contemplación misericordiosa ante la clase trabajadora,  los que se esmeran están cansados del abuso en todos los sentidos y los burócratas son harina de otro costal que quizá también serán sometidos al escrutinio del nuevo jefe y su ejército de notables asesores.

No dejemos que el cielo se opaque ante ambiguo horizonte. Aquel domingo se aproxima para dejarnos lecciones drásticas, conciencias abiertas y conclusiones sofocantes. La lluvia limpiara un poco el escenario y comenzara una era en donde debemos seguir trabajando, luchando por un país mejor, donde sin excusas tendremos que involucrarnos y pensar nuestros pasos para encontrar serenidad. Ojala todo sea bonanza y alegría pero siempre tengan un botiquín a la mano y el instructivo de lo más sofisticado que posean porque todo es útil en el comienzo, durante y al final de una aventura.

Esa mañana veraniega debe empoderarnos al debate para armar un plan de acción y concretar nuestros puntos aunque sean vertiginosos. Hagamos un paseo dominical en donde los fantasmas se vayan y las tragedias solo sean parte de un anecdotario. Reconozcamos nuestras capacidades y motivemos nuestro quehacer humano para reivindicar lo que pueda estar mal y disfrutar lo que estará bien.

Nada nos puede dividir al menos que así lo queramos, no dejemos que las pretensiones del malévolo poder nos contaminen y saqueen nuestra entereza. No discutamos por pequeñeces, enfoquémonos en lo importante, pensemos que ese amanecer donde todo supuestamente será diferente sea un camino donde no haya embusteros y artificios. Guarda el secreto hasta aquel domingo y busca resiliencia para comprender sea cual sea el resultado y no engendres rencores, emprende la encrucijada de vincularte con las posibilidades para saber si es un cambio o una continuidad.


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