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Un sorbo de agua.


Solo siendo buenos podemos ser felices. La felicidad no solo se basa en acumular bienes materiales, tenemos que ir más allá y encontrar la razón que nos mantiene con vida, esos motivos abstractos que nos impulsan a sonreír. Hay a quien no le duele la desigualdad que existe porque quizá su alma esta pobre y prefieren ignorar el escenario real.

La mayoría no está cómodo con nada, si esta nublado mal, si el sol quema que horror, si aquellos triunfan que bueno, si pierden que lastima. El hartazgo envenena todo y ciega al que tiene claridad, enmudece al que siempre dice verdades. En ocasiones ya nadie quiere disentir optan por cuidar sus intereses y ser amantes de la frialdad. Se alejan de lo bello que es convivir, se desprenden de los buenos sentimientos y solo buscan estropear porque hay algo en su interior que los inquieta y no saben cómo resolverlo.

Encuentran la felicidad en la rutina, en lo monótono que es el tiempo que transcurre en su esencia, se van empolvando sin saberlo, se cierran en el cuadrado objeto para no expandir su mente a lo palpable e irreversible. Temen salirse de su camino de algodones, se ponen el disfraz de todo está bien aunque una hoguera los esté haciendo pedazos, toleran para no quedarse solos, se anudan en un puerto donde hay más sal que agua. Se transforman en un caracol con gruesa coraza para no sentir la pasión de las batallas que se viven en el exterior, se pierden en lo húmedo de la tierra tan conocida como aquella mano que han soltado por miedo al compromiso de ejercer un sendero próspero y de certeza.

Su cabeza esta atiborrada de males ajenos, les llega a molestar hasta la más fina atención, porque no saben distinguir el pasado del presente, se convierten en serpientes que solo quieren morder porque se sienten ofendidos a los cuestionamientos sencillos. Elijen la guerra en vez de la paz solo por entrar en una polémica sin posible final, se disgustan por los diminutos lapsos de la vida, quizá por las atenciones no recibidas. La altanería se adueña generando un monigote sin ideales y sin corazón.  Es un terror averiguar que pasa en esa mente dispersa, en esa persona que al parecer tiene heridas profundas y que está perdida en un sueño profundo del cual no quiere despertar porque no quiere toparse con la felicidad en su máximo esplendor.

Hay veces que la felicidad esta cuando se toma un sorbo de agua y no nos damos cuenta porque la frivolidad nos alcanza y nos hipnotiza de tal forma que nos mata la inocencia y nos amedrenta la humildad. La felicidad es simple y no es sofisticada como nosotros queremos crearla. La alegría esta con la gente que nos abraza y nos protege de los posibles males, el placer de vivir se encuentra con aquellos que no te dan la espalda y te invitan a gozar de  una conversación amena en la sala de su casa. Un  regocijo profundo se manifiesta cuando las personas te aceptan sin obstáculos tal y como eres y te hacen sentir un ser irrepetible.

Si tenemos conflictos con nosotros mismos entonces hay que buscar remedio para no sentirnos agraviados, busquemos nuestra fuente de felicidad y compartamos todo el tiempo nuestro quehacer humano. Seamos buenos de manera absoluta pues nadie es perfecto, en ocasiones nos intoxicamos sin que en la atmosfera haya veneno.  No sientas miedo y arriésgate a tocar la felicidad que todas las mañanas te hace abrir los ojos y encontrar oportunidades aunque haya muchos muros que derrumbar para alcanzar lo que anhelamos, tomemos el martillo y comencemos para que después no lamentemos el hecho de quedarnos con los brazos cruzados.


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