Barbarie empedernida.
Esa voz con
carraspera y tu lengua que se trababa era señal que el whisky había realizado el efecto trágico en tu cuerpo
mientras me contabas de tu último viaje a Ámsterdam después de pasar por
Bruselas y me contabas esas experiencias inconsistentes pero divertidas lo que
te llevo repentinamente a tambalear y ponerme a alerta para que no besaras el
suelo.
Tu camisa
desajustada y tus pantalones en apariencia orinados era una escena singular y
desagradable ya que la diplomacia con la que llegaste estaba derrumbada y pisoteada
por algunas risas nerviosas de mi parte. El efecto del alcohol provoco que de
tu descripción de Gante nos trasladara hasta aquel relato de tu ultimo amor
verdadero que te dejo solo recuerdos de aquellos paisajes de Cartagena.
Era una barbarie lo
que estaba observando en tu lenta reacción para levantar aquel vaso casi vacío,
ponía atención a lo que escuchaba porque me parecía interesante para que cuando
pasara el letargo y llegara la amnesia, yo tuviera algunos cartuchos anecdóticos
y bombardearte para sacudir la memoria. Terminaste en aquella mesa con tu cabello desalineado y descalzo después de bailar unas cumbias y cantar unas
rancheras para terminar con algunos boleros que te hacían recordad a tu primer
amor.
Quedaste fulminado después
de dos botellas de whisky. Tus relatos parecían fuera de este mundo al no
especificar los lugares pero si detallar los colores y los climas. Me contaste
cuando te perdiste en aquel inmenso hotel en Copenhague y te confundieron con un diplomático y hasta
te brindaron unas cortesías en el bar de clientes distinguidos cuando tu solo
estabas de paso y te percataste de una silueta musculosa que te sedujo pero que
jamás encontraste por ningún lado y eso porque tu lado perverso te llevo a
perderte en aquel gran edificio sin resultados que bajaran tu necesidad de acción
corporal.
Antes de que
amaneciera y quedaras rendido mencionaste aquel fugaz amor que tuviste en
Varsovia con un Hindú y que después de la experiencia te sentías ultrajado pero
con cierta divinidad que te hizo ver la vida de forma diferente y que no comprendías
porque había sucedido pero que no te arrepentías ya que tu internacionalización
estaba cumpliéndose sin demoras. Mi paciencia para ese relato ya estaba hecha
añicos pues la resaca comenzaba a llegar
de forma paulatina después de varios vasos con ron blanco.
De forma magistral
se acabó la música gracias a que la energía eléctrica fue interrumpida pues
estaba cayendo una tormenta a las seis de mañana y tus ronquidos eran una oda a
toda esa barbarie que me habías contado sin reservas. Huí de la escena y me encerré
en esta habitación donde hice un resumen de todas tus palabras mientras estabas
sobrio y cuando estabas ebrio, era una fuente de inspiración absoluta. No pude
conciliar el sueño y comencé a escribir unas cuantas frases motivacionales y de
repente me asomaba para saber si todavía respirabas o ya estabas tarareando
aquel tango que siempre entonabas cuando estabas despertando después de nadar en
una emisión etílica y de alguna forma psicoterapéutica
pero estabas convertido literalmente en
un bulto en plena recuperación.
Han pasado algunas
semanas de aquel acontecimiento grotesco pero enriquecedor y tú no recuerdas ni
media palabra de tus travesías por Europa y las lágrimas que has derramado en Sudamérica
sobre todo esas inversiones que solo te han dejado enseñanzas mayúsculas y
mucha perdición de tu instinto animal. Realmente me preocupa tu hígado pero
mientras el corazón resista y tus riñones expulsen lo necesario, vive tus
espeluznantes episodios y tus osadas intervenciones en vidas obscuras y descarriadas
que han dejado huella en tu pasaporte y
en tu franca esencia empedernida por lo vicios que todo ser humano ha probado aunque
lo niegue.
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