Te asomas cuando hay penumbra.
Viernes alucinante,
con el consuelo del descanso que se va acumulado en un desconcierto de
irresponsabilidades hábiles, que muchos asumen como actividades importantes y urgentes.
Así la vida que carcajea porque los impacientes están al borde de la locura en
un trámite de desesperación que trauma a todo paseante, un amplio camino lleno
de arboles que aromatizan con cierta tranquilidad y arrogancia, el cielo parece
inquieto entre ventarrones de tímidos suspiros que se pierden como una ardilla
buscando alimento.
Eres una pieza
incomprendida en este mapa de lugares impresionantes, eres un grito de libertad
que no encuentra eco, el dolor va caminando por los estrechos surcos de la
mortalidad que parece sonrojarse cuando el destino coquetea e invita a
despabilar un puño de ideas contenidas. No hay fuerza en aquel hondo agujero
que permanece en el corazón, te han robado la razón, te han despojado de la
credulidad, no quieres comprometerte ni con el asunto mas solemne que se atraviesa
por tus cansados y repetitivos corajes. Solo tienes tiempo para imitar acciones
que otros resuelven con sutileza para obtener un reconocimiento pausado y
escaso, ese tiempo es valioso, pues ahí encuentras amor ingrato y un tesoro
invaluable, que alimenta la soberbia nítida y voraz.
Algún talento debes
de tener en esa existencia monumental. Te has perdido en un mundo que crees
perfecto, vives en una paranoia, estas a la defensiva, parece que nada te
importa, solo piensas en sentirte saciado, manifiestas esa frescura que en un par
de segundos se termina, eres un costal de sombras, te asomas cuando hay
penumbra, te burlas porque esa es la costumbre que tienes más arraigada y después
te vas por los campos donde cosechas indecisión y poder obsoleto. Te encuentras
en una soledad que purifica tus sentidos, compitiendo con los rivales internos
que te has inventado, bebes de la hostilidad para conocer la decadencia que va
destruyendo la esperanza de cambio.
Los perros ladran
porque extrañan esos silbidos ligeros, pero con cierta felicidad, que solo
ellos comprenden. Las ranas han desaparecido, pues te has llevado el fango que
tanto disfrutaban, las luciérnagas solo iluminan lo que queda. Es así como la plaga
de la indiferencia se ha posado en uno de tus tantos planos sin margen, en esos
descuidados pliegues, que guardan historias extraordinarias y ahora están
resecos. Las lagrimas no son suficiente para lubricar la dureza de las almohadas,
las noches no son suficientes para querer trascender, el mantenerse alerta es
solo un cuento interminable y con emociones ahogadas entre los puntos y los
personajes.
Eres un guerrero sin
armamento. Tantas batallas y tantos desafortunados desenlaces, que no tienes ni
una flecha que perfore la razón de aquellos que intentan fusilarte, la irresistible
inconsciencia ha mordido la carne de tus piernas, no tienes fuerza para entrar
en el dilema de querer continuar o perecer en esta encomienda de guerra, de
contradecir, de hacer lo que esta prohibido, simplemente para sentirte
indestructible. Las ruinas pueden servir de inspiración para forjar lo que puede
ser el comienzo de un nuevo ciclo. Las flores machitas han servido de abono y
pronto sabrás el verdadero sentido de las horas.
Horizontes repletos
de falsedad. Cerraduras por todas partes, rejas que no dejan entrar lo que
puede incentivar un dialogo de personas sabias y coherentes. Borra de tu lista
aquello que sabes que no debes repetir, pero tu mente está empeñada, en
realizar esas coléricas acciones con tal de causar polémica y una distorsión
que causa cierto placer. Es posible que te conviertas en un desconocido, en un
ser que solo requiere un pretexto para profundizar en el lamento y en la tragedia
de aquellos que quieren saltar al abismo, sin saber si hay algo que amortigüe
la caída.
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