El terruño.

 

Por un momento ese cuerpo esculpido por el paso del tiempo me pertenece. Esas largas extremidades, esos besos apasionados, esos jadeos incesantes me hacen despertar en medio de una primavera con sus infiernos carnales, me dejo llevar por todas esas sensaciones que perforan mi conciencia mientras tus pies se entrelazan con los míos, eres una verdad sin filtros, eres un rayo de sol que permanece en un suspiro que nace en la imaginación de un ángel fingido.

Entraste al terruño que desde hace tiempo estaba deshabitado, lo contemplas, lo tocas y después te vas con ese aroma amaderado y frutal que emanan nuestros cuerpos, los deseos se convierten en una pócima inquietante que resguardas en la profundidad de los egos somnolientos, me miras con paciencia y en los jardines crece la hierba que va cubriendo el pudor dejándonos al descubierto en esa habitación que se agita al son de los movimientos bruscos y delicados de tus manos. Te admiro en el silencio, en las pausas y comienzo a besar cada línea que florece a la vista, no disimulo mis anhelos, no escondo el ímpetu, solo te beso con esa candencia que devora cada parte de la tarde que te trajo a los rimbombantes ángulos de un universo escondido y que quizá te estaba esperando para que lo conviertas en un giro prolongado de amaneceres calurosos.

Eres una obra de arte, eres la esencia que da color a los últimos días invernales. Cada palabra que sale de tu ser es un aprendizaje inspirador, esa diplomacia me seduce, esa calidez inesperada me golpea los ejes de mis empedernidos versos que se han quedado atorados en una dimensión compleja, eres el norte que me ha llevado al sur, eres la niebla que me ha dejado insensato, eres el abrumador repliegue de toqueteos puntuales y caricas estremecedoras.

Sabes lo que quieres y eso basta para convertirme en un lienzo de tus tantos trazos cubiertos de gloria.  Eres el humo de aquel cigarro, eres el sabor de ese café mañanero, eres el pensamiento en un trajín vespertino, eres parte de un caminar nocturno. El destino se encargo de la coincidencia y esto se ha convertido en un extravío bondadoso de efectividad alegre y emociones que desatan incendios mentales y corporales. La brevedad de las maravillosas intensiones ha quedado en la piel, el vibrar de las melodías que has bailado han penetrado a los infinitos insospechados de este intrigante soldado del alba.

Ahora el terruño es un santuario. Ahí has estado para adorarnos, para dejarnos cansados, para suplicar el comienzo de una nueva batalla de manifestaciones interpersonales, tus ojos se han perdido en los míos, nuestras espaldas sean arqueado y las esperanzas se han renovado con cada erupción, mis labios no se cansan de recorrer cada parte de tus atenuados horizontes, mis sentidos pueden atrofiarse, pero mis ganas seguirán firmes para celebrar que estas aquí junto a mí. Quisiera que el tiempo fuera eterno o que de alguna forma se detuviera mientras tus dedos van jugando con los poros que yo no veo.

Las anatomías se han mezclado y las fuerzas no han menguado. No pretendo ser el dueño de esos pliegues ejercitados, solo quiero que la transparencia cubra estos despertares, que cada hecho sea un espiral de genialidades, quiero que tus danzas dejen una huella en mis recovecos ardientes, que me susurres algo que me deje sorprendido. Quiero que lo que llamamos terruño sea un secreto, un efecto de nuestros más íntimos rituales, de esos gemidos formidables y de esos puntos cardinales que nos pertenecen. Quiero que guardes las coordenadas de nuestros intensos encuentros y que vuelvas cada vez que mis latidos te llamen.

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