La silla.

 

No debemos construir tragedias cuando hay una luz tenue que nos dicta calma. Somos protagonistas de escenarios que nos dejan aprendizajes, no es necesario que las sintonías pierdan su eje, solo basta con reflexionar y continuar en el camino de la armonía. Estoy sereno en esta silla y observo cada uno de los objetos que me rodean, miro esas fotografías, esas decenas de libros que contienen historias genuinas, veo la canasta de dulces que representa la abundancia y escucho que la cafetera sigue funcionando de forma tenaz, doy un largo monologo diciendo mis decretos y mis conclusiones y sonrió con delicadeza, estoy convencido que esto es un episodio lleno de gratitud y conciencia.

Me froto las manos como símbolo de plenitud, enciendo el incienso para sentir que lo acumulado se marchara sin dejar rastro, parpadeo para enfocarme en ideas positivas, comienzo a orar y reitero que las situaciones pasan para saber de que estamos hechos, que podemos seguir avanzando sin obstáculos, que somos personas bondadosas que creen en el respeto y la comprensión. Le doy un sorbo al café de la mañana y continuo con todo lo que amerita este silencio y este momento de reflexión, veo cada componente de esas bellas fibras que conforman un núcleo de razón, me dejo llevar por la melodía melosa de esas voces, restablezco una conversación sensata con el ego que muchas veces me pone el pie, genero un espacio de reconocimiento puntual y tomo el aire suficiente para depurar lo que no tiene sentido.

Cuando regreso ahí está aquel muro con cuadros verdes, grises y cafés, un esbozo geométrico que me introduce en otras deducciones que me dan apabullantes imágenes de una manera cinematográfica, estoy atrapado en una escena audaz y que requiere una responsabilidad enorme, me considero un valiente y un aventurero, que toma el riesgo de aventarse de aquella locomotora, caigo sin sentir dolor, toco mi cuerpo y no encuentro heridas, es un invento audaz de la mente osada, reacciono y sigo sentado en esta silla que tantas veces me ha dado lo elemental para encontrar la cordura.

La realidad me espera impaciente. Estoy sosegado y estoy dispuesto a reventar todas esas burbujas que solo contaminan, dejemos de darle vueltas a los asuntos, simplemente seamos claros y sigamos adelante, evitemos ensuciarnos con todo aquello que brota de esas enormes zanjas, ocupemos nuestra gracia para darnos la oportunidad de ejercer la empatía y la generosidad. Despejemos el área y convivamos sin quejas, desechemos las indiferencias y actuemos con madurez. Lo importante es que yo estoy en un estado de felicidad que nadie me arrebata, que estoy en un grado de comprensión que evita que piense en batallas, me convenzo de que lo que sucede es una lección grata y que me sostendrá en la ecuanimidad.

Le doy un sorbo al café de la tarde y me dispongo a debatir, quiero quedarme con lo amable de cada una de las palabras que se digan, seguiré creyendo en cada una de las intervenciones, no dudare de las buenas intenciones, expresare de forma breve mi sentir, ahora estoy en una balsa de sensatez que vaga sin temor, la comprensión estará atenta y mantendré la sonrisa. En ocasiones le inyectamos tanto drama a los sucesos y en diez minutos se pueden resolver, porque somos sabios y agraciados.

El aroma a incienso perdura. Me quedare unos minutos cavilando, esperando que no haya nada que perturbe el ábaco, buscare el origen y detendré la revuelta de cuestionamientos, me levantaré de esta silla, porque la noche me ha alcanzado y es necesario refrescar el pensamiento y dejar que la luz tenue entre y nos haga ver que hay muchas cosas por vivir.

 

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