El disgusto.

 

Ese disgusto reventó todos diques y causó estragos en todos los sitios donde la paz es una buena consejera, tardes de aislamiento y de reflexión inestable son los que se viven cuando las vísceras se inflaman y no dejan que los pensamientos avancen a buen destino, eso sucede cuando comienzas a forjar una fuerte relación con la imaginación que te extravía y te deja atado de manos, interfiriendo todo el tiempo con el camino bondadoso que se rompe con tan solo sentir las gotas de lluvia. Triste ahora son los escenarios en aquella travesía que parecía divertida, donde las confesiones eran puntuales, donde las risas eran impulsos que detonaban en razonamientos precisos, pero la realidad se transformo por la severa incomodidad que se forjo, por aquello que se concibe como mal puesto.

Los pasos muestran cierta sincronía en ese asfalto húmedo y en esa arena caliente que invita a enterrar los cuerpos y sumergirlos en sueños rebeldes, invocando a la pasión como una fuente de seducciones acumuladas en esas manos santas, esos ojos que brillan queriendo quebrantar el cielo nublado que los malintencionados inventaron y que enmarcaron en un cuadro impenetrable. La cabeza te da vueltas, pero no hay marcha a atrás, la decisión esta tomada, te fuiste sin decir nada, actúas como una flor en medio de la fresca mañana, intentas disimular el disgusto que te tuerce y te revuelca en esas llamas que surgen de un infierno sustentado por suposiciones y frases que provocan intriga y confusión.

Es posible que no distingas cual es la diferencia de una disculpa y un no pasa nada, quizá pretendes diluirte y ser parte de aquella incertidumbre interminable y de esas mañanas desastrosas donde solo hay niebla espesa, quieres pasar desapercibido, pero el ambiente es frio como ese corazón que no encuentra motivos para amar, que solo quiere morir en los intentos carnales y que después huye como si el miedo fuera un monstruo de  mil cabezas, no quieres dialogar, no quieres decir lo que sientes, ocultas todas tus emociones en un bolso de fantasía. Necesitas hacer una visita al silencio que tantas veces solo te ha observado, requieres de una sensación que te electrocute y te haga despertar en la verdad de los fulanos que alguna vez te contaron todas sus crisis y todas sus aventuras.

La necedad ejerce una fuerza incontrolable sobre lo que dices y haces, es una desastrosa obra de arte, que hace que el tiempo pase y congele todo lo maravilloso que hay en ese territorio insólito y despejado de maldad, el disgusto es tan grande que te ha dejado perplejo mirando como el viento destruye el pastizal y sus cientos de espantapájaros, esos ojos cristalinos se pierden en la mirada del otro que es un desconocido, ya no sientes bonito, ya no quieres saber nada del futuro inmediato, eliges aventarte al arroyo de pesadumbre y charlatanería. Decides ser el personaje obscuro en un lienzo repleto de claridad, haces que la indiferencia entre en tus sentidos y te manipule con saña y alevosía.

Te encontramos cabizbajo, pero no sabemos como reiniciarte, no tenemos idea de como regresarte al mundo donde hay luz y un sinfín de colores. No muestras intenciones de querer mediar contacto con el mundo, solo ves que cada habitación se inunda y todo se embarra de lodo, muchos escapan en sus lanchas, los perros ladran, los niños lloran y la angustia se estanca en tus gestos, no sabes que hacer, no saber ni que decir, eres un ser controlado por los destinos de un ocioso que está en una galaxia lejana, experimentando con tus puntos vulnerables, volviéndote loco entre el agua dulce y el agua salada.

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