El grito.

 

Pegas el grito en el cielo al encontrarte en un punto donde las cosas no son como quieres, destrozas los bellos jardines y maldices en silencio. Quieres comprender y le das una vuelta más a la rueda para saber si hay una respuesta que te acomode, prefieres marcharte dando un portazo lleno de indiferencia y rabia, requieres de un aislamiento total y decides ignorar con una categoría irreverente.

Te desconozco, haces que entre en un conflicto que dura un par de minutos, agitas mis pensamientos, pero debo de continuar viviendo, no puedo obligarte a que te quedes en un lugar donde no tienes idea de lo que sucede, esa es una sensata decisión y será respetada, vete con todos esos argumentos acumulados, con todos esos escenarios que no fueron presentados, sigue gritando con el ímpetu de ser escuchado por el ayer que está cansado de una actitud que se desborda en dichos recurrentes y que noquean a las intenciones ilusionadas de ser germinadas.

En el presente estas ausente, te has perdido en una verborrea que no tiene sentido, repasas la historia un ciento de veces, la cuentas de la manera que a ti te convence, raspas todas esas paredes en busca de orificio que de aire fresco a lo que es una habitación gris. En el futuro solo hay unas inminentes estrellas que esperan a los héroes que ahora mismo están peleando con los villanos que simplemente son mortales decidiendo lo que es bueno para ellos, sigues huyendo recorres cada pasillo con desesperación y cada noche te angustias, te pones a dialogar con los recuerdos y solo te queda cerrar las ojos para comenzar un nuevo capítulo. Sacas esa versión purulenta y vas arrojando bombas molotov a las barricadas, intentas abrir a la fuerza todas las puertas, buscas la manera de llamar la atención y callas como un modo de tranquilidad ambigua.

El método esta vez no ha funcionado, tendrás que resignarte y esperar a que el cielo se despeje, tendrás que tragarte esas pastillas de asuntos inmediatos y valorar lo que es verdadero. Quizás crees que te han fallado, que te han lastimado, que te han dejado en una orilla extremadamente peligrosa, pero reconoce que también has puesto los ingredientes necesarios para fabricar un intrépido episodio al cual le pondré punto final porque todos nos merecemos una paz resplandeciente. No estoy dispuesto a pelar, no quiero entrar en una contienda donde las ligas se revienten y dañen lo integro, no estoy dispuesto a alimentar lo que no tiene una frecuencia virtuosa, no quiero ser protagonista de batallas inútiles, no quiero que la tierra nos trague y nos escupa todos harapientos y ensangrentados.

Prefiero sigas gritando y sigas buscando la razón. Grita todo lo necesario, no dejes de hacerlo, saca todos esas afiladas emociones y regresa lo antes posible, quizás nada será igual, pero al menos tendrás certeza de que la felicidad es para todos, alguien te hará saber que no hay motivos para rasgarse las vestiduras, hay una mínima posibilidad de que sonrías como una señal de aceptación. Esas energías que te elevan y te trasladan a lo que otros no entenderían, son las mismas que te darán un abrazo para no soltarte, para ese entonces todavía tendrás fuerzas suficientes para gritarme a la cara y avisarme que estamos completos después de tantas travesías.

Mientras aquellas cortinas se moverán de forma singular y vere aquella bahía, escuchare el reventar de las olas, correré hacia la playa, no dudare en sentir como la arena me ata a las sensaciones de actos llenos de amor y besos desesperados, por un momento me olvidare de tus gritos, de mis gritos y disfrutare del amor que es una revolución en mi ser, esa es la realidad que te causa picor.

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