El fastidio de horas
de carretera me ha dejado exhausto con ganas de salir corriendo, pero el
alboroto me hace resurgir y establecer una conexión palpable con miles que han
salido a la calle para festejar el triunfo de la selección. Me alegra saber que
hay motivos para festejar, quizá sea momentáneo, quizá sea para la historia,
que vamos a saber, lo importante es vivir el instante en donde la euforia hace
que la genta grite, se una y se despeje el trajín de los días cotidianos.
Uno en ocasiones
debe de elegir por cumplir responsabilidades, porque estas no se pueden aplazar
y uno llega tarde al festejo, pero con la tranquilidad de que todo va
encaminado para seguir avanzando, es una mezcla de emociones que son
indescriptibles, mucha gente no aterriza lo que esta aconteciendo, pareciera
que el día de mañana volverá suceder, se convierten en críticos que de manera clásica
vociferan que es pan y circo cuando ellos se postran para ver el partido.
Mi cansancio en
segundos se convirtió en una estela de pasión por un deporte que en nuestros
tiempos es visto como un negocio redondo, pero que el fondo tiene la esencia de
mover masas, de entretener, de ilusionar, de darnos la pauta para decir si se
puede. Hasta los que nos saben que es un fuera de lugar se estremecen al
escuchar el himno nacional, los amargados retractores siguen incrédulos, porque
ellos esperaban una desgracia para sacar sus cañones y decirnos que todo esta
mal, que no hay forma de ser mejores y quizá un día la eliminación se haga
realidad y es cuando los buitres vuelvan para gozar de la tragedia y nos bofeteen
con frases hechas, pero mientras tanto la energía hace creer que hay un
panorama bueno y prometedor.
Hasta se me olvido
la infección estomacal que he padecido en los últimos días. La fiesta permanecerá
hasta las altas horas de la noche, la ciudad no dormirá, son cosas que no se repetirán
por mucho tiempo entonces que esperas para vivir y ser parte de una tónica
vibrante, son situaciones que permean a toda una sociedad necesitada de estos episodios
y esto no es olvidar todo lo malo que sucede, es enaltecer lo que esta
sucediendo ahora mismo y debemos ser parte de la manera que mejor nos plazca,
sin desacreditar la alegría de los otros.
Estos días pasaran y
volveremos a lo habitual, pero con la claridad de que la unión hace la fuerza, pero
el ego es un ente que volverá a contaminar y nos alejara de los pensamientos y
actos que beneficien a todos, la mayoría regresará al individualismo, a sus
intereses y a la monstruosa indiferencia. Nada es para siempre entonces hay que
aprovechar este empuje de energía para sentirnos contentos y romper con los que
nos ata.
El vagón se mese de
un lado a otro, todos brincan, gritan, sonríen, la lluvia no es impedimento
para manifestar lo que hoy sabe a gloria y remueve grandes momentos de una selección
que ha sido perpetrada por la ambición y el capricho de unos cuantos, hoy quizá
la actitud sea otra y los que se parten el alma en la cancha tienen la meta
clara de hacer una historia que se pueda contar por décadas con esa sensación de
intensidad y locura.
Hoy tuve que
renunciar a la convivencia por estar en una carretera por horas, pero eso no
fue un obstáculo para sentir lo que miles replican y eso es parte de lo que
generan estos eventos, que muchos no quieren comprender, porque siempre esperan
la derrota y de eso no se trata la vida, se trata de tener muchas y amplias
perspectivas.
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