Aquellas flores se
han marchitado después de diez días. No me ilusiono recibirlas, en ese preciso
momento quería azotarlas en el suelo y salir corriendo, no comprendía los motivos
que lo llevaron a tener semejante detalle, quizá me quiere reconquistar, pero
no hay manera de que eso suceda, por algo me divorcie y hasta el momento no
quiero saber de hombres, han pasado treinta y cinco años de la separación y sigo
diciendo lo mismo.
Rodolfo fue bueno
hasta donde quiso, después se enredo en sus bajos instintos y cometió actos
indignos, cayo en su severo alcoholismo, adquirió mañas y conservo las malas compañías,
mientras tanto yo tenía que sacar adelante a nuestros hijos, me levantaba a las
cuatro de la mañana a preparar el chocolate, las ensaladas y los cocteles, no
quedaba de otra, que afrontar la situación y evitar el colapso de mis niños,
siempre han tenido mucha madre y por eso resurgí de los maltratos y termine con
tan terrible relación, pero por azares del destino, él seguía apareciendo para
ver a sus tres vástagos, yo jamás lo prohibí, no quería terminar como la mala
del cuento, hasta que un día se esfumo.
Los esfuerzos valieron
la pena, mis tres hijos culminaron la universidad, estoy orgullosa de cada uno.
Lorenzo es ingeniero civil, Juan Carlos es reportero y Fabiana es enfermera,
que más le pido a la vida, ya tienen todo resuelto, por ese lado mis
preocupaciones no existen. Ahora la artritis me pone en jaque, es una calamidad
constante, pero mis hijitos no me dejan y les pedí me intentaran en un asilo,
al principio renegaban, pero se que es lo mejor para una vieja que no tiene
remedio y que en algún punto no se podrá valer por si sola.
Hace unos meses, mis
hijos me pidieron recibiera a su padre, pues había salido de prisión y me quería
pedir perdón, además que se quería despedir de mí, pues los médicos le habían dicho
que sus padecimientos empeorarían. Lo pensé mucho, hasta que acepte y concrete
la cita, todavía recuerdo que llego con ese ramo de rosas amarillas y esa sonrisa
pícara, inmediatamente se hinco y le pedí que no lo hiciera, lloro por varios
minutos, yo solo contemplaba tan dolorosa escena, después se tranquilizó y me agradeció
por ser tan buena madre y recrimino sus malas actitudes, me pidió mil veces perdón,
yo solo asentaba con la cabeza, hablo y hablo por mas de cuarenta minutos hasta
que lo interrumpí y le pedí que se fuera, que ya era suficiente, que le agradecía
el detalle y que estaba perdonado, que por favor no volviera y que se cuidara mucho.
Mi sorpresa fue que obedeció y después
me reí por tan lindo acto, las flores, mi tonta imaginación, pensar que me quería
reconquistar, ni loca vuelvo con el condenado que me hizo la vida de cuadritos
y menos en estas condiciones, lo que quiero es descansar y no batallar.
Verlo tan acabado,
arrugado, desalineado, no queda nada de aquel Rodolfo que se creía el rey del
mundo, su mirada extraviada, sus labios secos, su cabello sumamente grasoso y sus
manos rasposas, me dejaron reflexiva, cuanto sufrimiento, cuanta tristeza. Recuerdo
cuando me enamore de él, tan apuesto, sus ojos verdes, su cabello ondulado, su fresco
aroma, su sonrisa, vaya que hermosa época, mi madre me hacia burla de como lo
miraba, hasta que por fin coincidimos en esas tediosas clases de baile, que después
nos sirvieron para irnos a los bailes de todos los barrios aledaños.
En fin, pronto los
dos moriremos y lo único que puedo decir es que lo ame con todo mi corazón, también
lo desprecie y ahora estoy en paz, que me dio a mis adorables hijos y eso es lo
que importa, lo demás son vivencias inevitables y destinos mezclados.
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