Doblas a la derecha
y te encuentras con esa entrada pintoresca, pasas sigilosamente, buscas que alguien
que de razón y te explique como llegar al departamento siete, sigues con pasos
apresurados, bajas unas pequeñas escaleras y hay unas velas encendidas, el olor
a incienso es penetrante, comienzas a desesperarte en ese largo pasillo, de
repente una dulce voz menciona tu nombre y el miedo se apodera de todas tus
entrañas, sabes que has llegado al sitio donde según te adivinaran el futuro.
Te topas con una
pared y sin saber que hacer te sientas en el suelo, esperas que alguien vaya
por ti, pero los minutos pasan y la incertidumbre crece, de repente una silueta
regordeta, se ve al fondo, comienza a rezar y el calor aumenta, ahí esta la
persona que buscabas, poco a poco se acerca, y vas reconociendo sus facciones, piel
blanca, ojos grises y una nariz respingada, sabes que es ella quien tendrá el gusto
de atenderte.
Los nervios te
traicionan y tropiezas hasta besar el suelo, ella solo ríe y con una sutil seña
pide que la acompañes, entran a una pequeña habitación donde el aroma a papel
quemado es evidente y una decena de imágenes tapizan las paredes, vírgenes y
santos, con una potente mirada hace que te sientes en ese sofá color negro y
enciende un cigarrillo, comienza rezar nuevamente y te toma las manos con gran
fuerza, te mira y suspira, después camina en círculos y toma un montón de
cartas, las barajea, las parte, las humea, las pasa por el fuego de las veladoras
y después repite tres veces tu nombre, para eso momento estas totalmente paniqueado
y solo quieres que lo que parece un ritual termine. Con la voz entrecortada
pide que partas las cartas y que comiences con las preguntas.
Ella responde cada
una de las preguntas y me deja sorprendido. Realmente cada vez que contesta me
entusiasma, hago la ultima pregunta y ella no responde, cierra los ojos y comienza
a convulsionar, su jadeo es arrítmico, se levanta de golpe e intenta ahorcarme,
su fuerza es inexplicable, la tomo de los brazos y la empujo hacia ese hermoso
altar lleno de flores blancas, reacciona y el llanto es inevitable, pide me que
me vaya que después vuelva, que no me preocupe por el pago, que no puede contestar
la última pregunta.
Como puedo encuentro
la salida, salgo tembloroso y adolorido del cuerpo. Nadie me creerá lo que
acabo de vivir, ni siquiera quien me recomendó viniera, comienzo a recapitular
cada respuesta y la verdad que fue muy acertada, después la imagen de su transformación
me inquieta y me atormenta. Que habrá sentido cuando le pregunte por lo que sucedería
con aquella relación que no término de la mejor manera, simplemente comenzó a
revolcarse, fue espantoso, por poco muero en manos de una adivinadora.
Han pasado muchas
semanas y he querido regresar para aclarar el episodio, pero mi intuición me indica
que no, que me quede quieto, que es preferible no perturbar lo que debe fluir
con paciencia. La verdad, es que un día regrese y la entrada multicolor ahora
era una fachada gris con un letrero gigantesco que decía se vende, indague con
el señor del puesto de periódicos, quería una explicación y mi sorpresa fue que
aquel lugar hasta hace dos meses era un hospital geriátrico, que la dueña había
fallecido después de un episodio de esquizofrenia y los hijos inmediatamente lo
pusieron en remate, me comento que la señora era extraña según fungía como la
directora del lugar, que siempre salía con un ramo de finas hierbas amarrado a
la cintura y que su mascota era una cabra, que casi no hablaba y ocupaba lentes
obscuros.
Tuve sensaciones de toda
índole y me alejé del lugar, no se que creer y que cosas dar por hecho, no se
si fue cierto o una gran mentira, no se si me estoy volviendo loco o fui parte
de una casualidad imaginaria, pero ella sabía mí nombre.
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