Los
gatos maúllan con insistencia, otra vez se escucha el rechinar de la escalera y
no puedo moverme de este sofá maloliente. Hace dos semanas despareció la tía
Celia, no es la primera vez que se extravía, sigo al pendiente de las llamadas
y los reportes policiacos, estoy cansada, desesperada y no tengo respuestas. He
tratado de ordenar cada rincón de la casa, pero mi alergia al polvo me tiene
rendida, imagínense la cocina llena de cochambre, bichos rastreros y manchas
imborrables en los azulejos, vivo entre el asco y la angustia. La soledad de mi
tía se refleja en las telarañas interminables, la suciedad parece parte de la
decoración, creo que desde que murió mi primo Benigno, no venía a este lugar
que no es un hogar, es una pocilga.
Apenas
llevo dos noches aquí y quiero regresarme a mi departamento, no hay gas, ni internet,
de milagro hay electricidad y línea telefónica, limpie un pedazo del jardín
trasero e instale una casa de campaña para poder descansar de forma decorosa,
lo único que funciona es la televisión, que de vez en cuando enciendo, he
descubierto cosas que me tienen atónita, no quiero contarle a mi padre lo que
he visto en la casa de su hermana. Para empezar, el que era cuarto de mi primo
sigue intacto, con sus posters de superhéroes y motocicletas, la cama esta impecable
y se percibe el aroma a tabaco, en el cuarto de mi tía todo es color azul
celeste, desde el piso hasta la bata de baño, muebles antiguos y descuidados,
pero lo que mas me sorprendió es un féretro cromado con interiores negros, ella
duerme en un ataúd, en el techo hay muñecos hechos con pedazos de tela de
diversos colores, mal zurcidos, manchas de sangre, huesos de todos tamaños, las
paredes están tupidas con fotos de Beni, el tocador tiene veladoras de todos
los tamaños, el espejo hay algo escrito que no logro entender, el olor a romero
es penetrante. El cuarto contiguo que es el de Galatea y Acis, donde todo esta
lleno de heces, de pelos, de restos de roedores destripados. El piso de madera
cruje, como si se fuera a despedazar, me da comezón recorrer cada rincón, en el
escritorio hay cientos de papeles, todos se tratan de reportes médicos, compra
y venta de muebles, recetas para la buena fortuna, hojas con garabatos y
curiosamente un boleto de avión, viaje redondo, para ir a España el próximo
mes.
Los
gatos maúllan con insistencia, otra vez se escucha el rechinar de la escalera y
no puedo moverme de este sofá
maloliente, siento como una presencia me somete, me estrangula, no puedo
respirar, tocan el timbre, pero estoy completamente paralizada, intento gritar
y es inútil, la habitación comienza a llenarse de humo, una sensación arenosa
invade mis ojos, siento como me rasguñan el cuerpo, veo los rostros de mi tía y
mi primo, intentan decirme algo, a lo lejos escucho algunas sirenas, empiezo a
marearme y todo es negro a mi alrededor. Todavía no sé qué sucedió estoy
instalada en esta ambulancia, el bombero me dijo que alguien provoco el
incendio y ahí a mis pies están esos intrépidos gatos, que ronronean como si
fuera su dueña.
Unos
días después de la catástrofe, nos informaron que Celia fue localizada sin vida
en el panteón estatal, junto a la tumba de su hijo, dicen que fue un infarto
fulminante, entre sus pertenencias encontraron recetas medicas que no fueron
canjeadas, algunos amuletos, cerillos, un ánfora con gasolina y algunas imágenes
religiosas con versos al reverso. Quizá mi tía estaba loca, lamento mucho su
muerte, disfrutare de Madrid, como ella lo hubiera hecho, todavía me pregunto
qué diablos me querían decir mientras aquello se quemaba, no lo sabre, pensare
que fue producto del terror por morir.
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