Siete de
la mañana con un minuto. Me siento desanimado después de saber lo que piensas
de mi persona cuando soy un simple desconocido, cuando te esfuerzas por no
saber de mí y opinas abiertamente de mis decisiones, creo que estas acostumbrado
a hacerlo con todo aquel que lo permite o simplemente te das el permiso para inmiscuirte
en lo que no te importa.
No tienes
que andar informando a la gente que acumulo tres separaciones, una docena de
intentos por sanar, dos internamientos en el psiquiátrico, siete cambios de
tratamiento, puras mentiras, me quieres dejar en ridículo y chantajearme, pero
no me interesa, y por eso tengo años de no querer saber de tus malas
intenciones, no quiero dirigirte la palabra, es preferible que todo sea a
través de cartas y abogados. Ahora resulta que me escribes de forma personal diciéndome
que firme los documentos que te hacer acreedor a los departamentos de la costa,
que es la herencia que te dejo nuestro amado padrastro, que no quieres pelear,
ni hacerme la vida de cuadritos, aprovechas para decirme que me desista de vender
la colección de discos que eran de la tía Mariana y que no tenga contacto con
los primos de Veracruz, te opones a que próximamente retome el control de las tintorerías
y que nos tenemos que ver para arreglar las diferencias. La carta es extensa y
me mencionas que soy un ser amargado y opaco, que no tengo capacidad para
comprender que estoy enfermo y que en un abrir y cerrar de ojos me puedo morir.
Siempre fuiste
así de hiriente con tal de sacar esa garra manipuladora que te caracteriza, por
eso nuestra madre te creyó cuando le contaste que yo me metía heroína y que cada
quince días me iba a Acapulco de reventón y sabes que todo eso es una gran
mentira, porque el que lo hacía eras tú, junto con la mentada Carmela, esa que
supuestamente es nuestra media hermana.
La
verdad lo he pensado mucho, no quisiera dejarte desamparado, pero he tomado una
serie de determinaciones que te dejaran sin nada, las sabrás cuando deje de
existir, pegaras el grito en el cielo y me mentaras la madre infinidad de
veces, pero no, no firmare ningún documento a tu favor, al final no supiste aprovechar
los veinte departamentos que te dejaron en la Nápoles, los vendiste toditos,
los remataste y te paseaste por toda Europa, según tu para dejar los vicios, no
te quedo nada, ahora estas de arrimado con la tía Lorena, esperando a que se
muera para hacer de sus pertenencias una fortuna efímera.
Me duele
que la hermandad este desvanecida. Pronto te contestare y te daré mis razones
para no firmar, te comunicare puntualmente que de lo único de lo estoy enfermo
es de una tremenda colitis, que si estoy soltero es porque siempre elegí mi felicidad,
que si no tuve hijos es porque soy estéril y que lo que piensas heredaras, sí es
que yo me muero primero será para la beneficencia pública.
No sabes
cuanto lamento que nuestros caminos se hayan truncado cuando te mandaron a Chile,
porque ya no te soportaban, y yo me quedé aquí recogiendo migajas, hasta que un
día me hicieron representante legal de todo y ahí supe que estabas descartado,
me causaba tristeza saber que no tenías injerencia, pero fuiste un dolor de
cabeza que descomponía todo.
Mi madre
me pidió que siempre viera por ti, pero me canse de tus groserías, de tus
formas y por eso no tendrás ni un centavo, no quiero que sufras, pero tampoco
quiero que goces, entonces seré paciente y quiero que sepas que tus próximas cartas
se irán directamente al bote de la basura, son las siete de la mañana con cinco
minutos y en este momento te comenzare a escribir lo que será mi última carta
para él que algún día fue mi hermano.
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